sábado, 5 de diciembre de 2009

Lágrimas de Eros


"[...] La naturaleza de Eros que se despliega en la exposición es, como la sexualidad infantil según la clásica interpretación de Freud, perversa polimorfa. No sólo incorpora las miradas masculina y femenina, heterosexual y homosexual, sino una amplia variedad de parafilias: la aquafilia o pasión por el agua, la tricofilia u obsesión por la cabellera, el fetichismo clásico freudiano en busca de sustitutos fálicos, el voyeurismo y el exhibicionismo, el bondage y el sadomasoquismo, la agalmatofilia fascinada por muñecas y maniquíes, el vampirismo y el canibalismo, la necrofilia y su hermana menor, la somnofilia, y por todas partes la dacrifilia o dacrilagnia, el deseo suscitado por las lágrimas".

Imagen: Andrómeda - Gustavo Doré

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Orando en soledad y tricofilia


Según la leyenda, Magdalena dejó Tierra Santa tras la Resurrección y llegó por mar a Marsella, donde evangelizó a los paganos. Más tarde se retiró a una montaña y pasó el resto de su vida orando en soledad...

Episodio de la cena de Cristo en casa de Simón el fariseo.

María Magdalena se acercó a la mesa donde estaba sentado Cristo con un vaso lleno de perfume que derramó sobre sus pies. Luego los enjuagó y secó con su propia cabellera, besándolos con gran devoción...

Imagen: María Magdalena en una gruta - Jules Joseph Lefebvre


martes, 1 de diciembre de 2009

Llorar sobre arena

Kseniya Simonova ejecuta en directo una animación de la invasión de Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial; sólo emplea sus dedos y una superficie de arena. No hace falta ser ucraniano para emocionarse...

domingo, 29 de noviembre de 2009

La sonrisa de Holofernes /1

El silencio se derramó sobre el campamento al llegar la noche; de vez en cuando una orden susurrada se deslizaba entre las tiendas. Cuando la luna se escondiese, desde el interior de los muros de Betulia se elevaría el murmullo amorfo de la alabanza de su pueblo a Dios. Judit miró a su izquierda, donde yacía el cuerpo dormido del general Holofernes; acarició al pecho limpio y robusto, sus dedos se deslizaron por el vientre musculoso y con un leve movimiento hizo que la sábana se deslizara hasta el suelo. Sus ojos se pasearon entonces por el espléndido cuerpo desnudo del hombre. Después, se levantó despacio de la cama, tratando de no alterar el sueño de su amante, y dio unos pasos hacia la entrada del aposento. En el cielo, las estrellas le suspiraron el tiempo que faltaba para el amanecer del cuarto día. Se giró y envidió el rayo de luna que perfilaba el semblante del general dormido. Se preguntó si aquel hombre merecía morir esa noche.

Aspiró el aire tibio de la madrugada en el que se mezclaban el olor a sexo, sudor y aceites perfumados. Olía a sueño. Olía a amor. Olía a confianza. Y a traición. Bajó los párpados y volvió a ver al soberbio guerrero que la había recibido tres días antes, con la tez tostada del rostro alumbrándose con un rubor impropio de un general. Recordó el fuego que le subió desde el estómago y le incendió la frente, el mismo fuego que ardía en la mirada del hombre, los ojos brillando con el reflejo de los collares, brazaletes, anillos y pendientes que adornaban su cuerpo ungido de perfumes. Recordó los dedos poderosos que se desprendieron del pomo de la espada y volaron hasta su larga cabellera, el tacto abrasador de las manos sobre sus hombros desnudos cuando impidió que ella se le postrara a los pies. Volvió a ver su propio rostro, su blancura reflejada en la cobriza coraza del guerrero, los ojos negros, los labios húmedos —entreabiertos en una sonrisa cargada de dudas y deseo—, cincelados en el pecho dorado del general.

Imagen: Judit - Gustav Klimt


martes, 24 de noviembre de 2009

... de Levi


"Aquí, alejados momentáneamente de los insultos y de los golpes, podemos volver a entrar en nosotros mismos y meditar, y entonces se ve claro que no volveremos. Hemos viajado hasta aquí en vagones sellados; hemos visto partir hacia la nada a nuestras mujeres y a nuestros hijos; convertidos en esclavos hemos desfilado cien veces ida y vuelta al trabajo mudo, extinguida el alma antes de la muerte anónima".

Primo Levi

"Debemos desconfiar de la inteligencia y de la conciencia, y poner toda nuestra fe en los instintos".

Adolf Hitler

sábado, 21 de noviembre de 2009

Angustia

Las ganas de fumar no regresaron hasta que estaba anocheciendo, cuando su esposa telefoneó para informarle de que, en efecto, pasaría la noche en la capital. Estuvo varias horas ante el televisor, aburrido, tratando de evadirse de aquel nuevo y desasosegante deseo, de no pensar en lo delicioso que era el sabor de un cigarrillo después de la cena, hasta que pasadas las doce se fue a dormir. A las tres de la mañana continuaba dando vueltas en la cama sin conciliar el sueño, luchando contra su mente desbocada, pendiente además del reloj, de que llegase la hora en la que su vecino se encontraría de nuevo al otro lado de la pared. Apenas escuchó el portazo en la escalera, le pareció que las paredes del dormitorio comenzaban a destilar un penetrante a olor a ceniza. Sabiendo que era perverso, aspiró muy hondo varias veces, como si quisiera llenarse de aquella emanación hasta rebosar, asegurarse de que estaba allí, flotando en la penumbra grisácea y no en su cabeza como el fruto disparatado de su insomnio. Se encogió entre las sábanas, en un vano remedo de sus ritos infantiles, cuando sabía que sólo ellas podían protegerlo de los fantasmas que lo acechaban en la oscuridad; ahora también lo protegerían de los ojos que lo acechaban desde el otro lado del tabique.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

... de Auster


"Aquella fue mi guerra. No una de verdad, quizá, pero cuando se es testigo de una violencia a esa escala, no es difícil vislumbrar algo peor, y una vez que la mente es capaz de representarse algo así, se comprende que el terreno que se pisa está abonado con las peores posibilidades de la imaginación. Si puede pensarse, es fácil que ocurra".

Paul Auster