Sentado en un banco en el Jardim da Estrela de Lisboa, no conseguía concentrarme en la lectura; por la cabeza me rondaba un poema de Pessoa, o mejor, de su heterónimo Alvaro de Campos:
martes, 24 de agosto de 2010
En el Jardim da Estrela
Sentado en un banco en el Jardim da Estrela de Lisboa, no conseguía concentrarme en la lectura; por la cabeza me rondaba un poema de Pessoa, o mejor, de su heterónimo Alvaro de Campos:
lunes, 23 de agosto de 2010
Rua de Cenaculo
sábado, 21 de agosto de 2010
Capela dos Ossos
Bajo los arcos del acueducto de Évora se cobijan las viviendas, sus fachadas blancas alineadas con las columnas de piedra de la conducción de agua. Toda la ciudad resplandece de blanco, Évora no se cae, se eleva orgullosa sobre las piedras que cubren sus calles, piedras sobre las que rebota el eco de los murmullos y se extiende como un manto adormecedor. Aquí se respira tranquilidad, reposo, decadencia. Évora parece fuera del tiempo, ajena a las prisas y al furor de los visitantes. Se camina despacio por la sombra, cualquier momento y rincón son buenos para detenerse a descansar. ¿Para qué apresurarse? Al final todos seremos feligreses de la Capela dos Ossos.
Como en tantos lugares, la vanidad humana aquí también se queda reducida a losas y tumbas que sólo sirven de fondo a las fotografías de los turistas, o que acaban siendo pulidas hasta el anonimato por las pisadas de los fieles y los curiosos. Pero en Évora hay un sitio especial, la Capela dos Ossos. En el dintel de entrada, un aviso: “Nós ossos que aqui estamos, pelos vossos esperamos”. Más allá, paredes y columnas recubiertas de calaveras, tibias, coxis y fémures hasta transformarse en los auténticos muros que sostienen las bóvedas. La vida humana así resumida a ser el revoque de una capilla; mudos, sordos y ciegos asistentes eternos a las oraciones y salmodias de los monjes que allí los han fijado.
jueves, 19 de agosto de 2010
Sintra
“Ó mar salgado, quanto do teu sal sao lágrimas de Portugal”.
martes, 17 de agosto de 2010
Humo
sábado, 14 de agosto de 2010
Ovos moles
Moliceiros, bateiras y saleiros surcan los canales de Aveiro. A Aveiro, anclada en el interior de una ría, le cercenaron el mar una vez.
martes, 10 de agosto de 2010
Douro
“¡No pictures, no fotos!”, resuena la voz del encargado de la librería Lello, en Porto, y así el encanto del lugar se mezcla con el polvo de libros y estanterías y se transforma en estornudos.
Porto parece que se desmorona sobre el Douro ante la indiferencia de todos. Sólo lo parece, las fachadas sucias de sus edificios tambaleantes clavan sus azulejos en los escarpados arribes que caen a pico sobre la ribera, se apoyan unos en otros y así conforman una cascada de abigarrados callejones que fluyen hasta el río.
Las calles empedradas hacen daño y sus cuestas se quedan con el resuello y el sudor de sus paseantes.
Café pingado. Bacalhau. Gaviotas. Luis I. Nueve puentes. Sal. Vino. Sandeman. Terrazas. Camareros toxicómanos. Café pingado.
250 escalones en la torre de la Iglesia de los Peregrinos. No es verdad, no tiene la mejor vista de Porto, el Douro se oculta desde allí y Porto sólo se puede vivir en sus riberas.