domingo, 11 de noviembre de 2012

Material antidisturbios vs. Desahucios



La mierda de clase política que sufrimos en este país está tan ocupada en satisfacer sus propios y miserables intereses que olvida cual es su función. No les hemos elegido para que pierdan su tiempo diciendo que pierden los iPad que les pagamos. Después de miles de desahucios han sido necesarios varios suicidios para que se den por enterados. Ni las recomendaciones de los propios jueces acerca de la ley que se aplica, prácticamente decimonónica, ni las de la UE haciendo ver que la citada ley va en contra de las normativas europeas. Nada, ellos a lo suyo, los iPad y obedecer a sus amos, los bancos. Por cierto, los mismos bancos que hacen caso omiso del pliego de buenas prácticas que se comprometieron a seguir, bancos que con sus prácticas fraudulentas han originado el monumental desaguisado en el que nos hallamos, bancos a los que tenemos que ayudar con nuestro dinero para que ellos puedan continuar desahuciándonos. En realidad, resulta increíble.
Pero, por fin, con los muertos estampados sobre el asfalto, cuando ven que la sangre les mancha la suela de sus zapatos, nuestros representantes deciden hacer algo. Parece que relacionado con los desahucios. Puede ser, tienen miedo a la crispación social, es decir, a la mala hostia que se nos está poniendo ya a todos. De todas formas, no pierden el tiempo: hay un dato poco conocido, pero que si buscamos en los Presupuestos Generales del Estado encontraremos, a saber, que el gasto en material antidisturbios para la policía subirá en 2013 desde los 178.000 € hasta más de tres millones. Este dato frío es el que describe su auténtica catadura.
Como algo no cambie, estamos jodidos. Todos. También ellos.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El viaje de los amantes




No llegaré a sugerir que los amantes deberían reunirse en los aniversarios de su encuentro para celebrar el acontecimiento y recordar los momentos que vivieron juntos. Pero deberían esforzarse por sobreponerse a la amargura de la separación para conservar toda la vida un recuerdo enternecido de su "viaje".

De "Los desorientados" de Amin Maalouf

miércoles, 31 de octubre de 2012

Endura (+)


Destrozaron las placas de las calles, las tirotearon, las arrancaron y luego las arrojaron bajo las cadenas de los tanques. A los pocos días también borraron el nombre de la ciudad. Y bastó eso para matarla porque las ciudades son como los dioses, que mueren cuando sus creyentes olvidan cómo invocarlos. Y ya nadie quiso continuar viviendo allí, y pronto sus avenidas se cubrieron de polvo y huesos, sus edificios se derramaron en escombros y solo hubo silencio.

lunes, 29 de octubre de 2012

El dinero es deuda



¿Alguna vez os habéis preguntado cómo se crea el dinero? Seguro que no, sin embargo os aseguro que la respuesta es aterradora. Este sencillo e instructivo vídeo ilustra esta cuestión; después de verlo seguramente ya no podréis volver a dormir a gusto.
Ya me diréis. En cualquier caso, por favor, difundidlo entre vuestros amigos y conocidos y amigos (es un decir) del Facebook.

domingo, 21 de octubre de 2012

La Doctrina del Shock



Hay que escucharlo con atención.

domingo, 14 de octubre de 2012

Mierda petrificada


Hace unos días leía que los últimos versos que escribió el poeta ruso Maiakovski antes de suicidarse hablaban de "la mierda petrificada del presente"... Me parecen tan de actualidad...
El sábado, Manuel Rivas hablaba en su artículo en EL PAÍS del síndrome del fuck off, esa formulación canallesca que hace la derecha que nos gobierna de la crisis y de los que la padecemos: "¡Que se jodan!"; "Las leyes son como las mujeres, están para violarlas"; "Perros que ladran su rencor por las esquinas" (esta es mi preferida, tiene un cierto tono poético); "Tampoco a los conejos se les consulta la Ley de Caza"; "Mayoría silenciosa" (esta es de un cinismo que asusta). Y lo más grave es que a estos tíos los hemos elegido nosotros, lo cual no dice demasiado en nuestro favor. En fin, lo que decía el poeta, una mierda de presente, y además petrificada.

lunes, 8 de octubre de 2012

Las identidades asesinas



Hace ya tiempo dijo Unamuno que el nacionalismo era una enfermedad que se curaba viajando. La aseveración continúa siendo válida, aunque habría que añadir que no basta con viajar, además hay que tener los ojos de la mente y el entendimiento abiertos para darnos cuenta de que las personas son iguales en todas partes, se ríen de lo mismo, aman las mismas cosas, lloran de la misma manera cuando mueren sus hijos, sus padres sus esposas o maridos. Sin embargo, hoy más que nunca, parece que arrecia el viento del nacionalismo; los políticos de aquí y allá se envuelven en las banderas de las esencias patrias (¡qué más da la patria que sea!) y nos explican con vehemencia la importancia de vivir en un Estado donde prime por encima de todo una identidad, la que ellos preconizan, y el rechazo a todo lo demás. Aquí mismo, muy cerca, los gobernantes de Gipuzkoa han decidido que a partir de ahora sus ruedas de prensa serán en un único idioma, el del país; el castellano es una lengua extranjera e impuesta. No hace muchos meses, en Cataluña, me topé con varias personas que no es que no quisieran contestarme en castellano, es que no sabían hablarlo aunque lo entendieran. Todo es absurdo. Hay un libro de Amin Maalouf que recomiendo, “Las identidades asesinas”, lectura que debería ser obligada para los políticos aprendices de brujo de este país que se cae a pedazos. Nuestra identidad, la de cada uno de nosotros, y la de un pueblo por añadidura, se compone de múltiples facetas; aceptarlas y cuidarlas, hacerlas crecer y que cada una de ellas se convierta en una parte insustituible de nuestra esencia es fundamental para desarrollarnos como seres humanos. Rechazarlas todas menos una y enrocarnos en esa única faceta (elegida o impuesta) es apostar por el suicidio cultural y por la violencia a medio plazo. ¿Por qué pudiendo vivir en un país donde todos fuésemos capaces de ser bilingües con naturalidad y sencillez, sin renunciar a nada, nos esforzamos por caminar por la senda de una crispación próxima? ¿Por qué nuestros políticos trabajan para empobrecernos intelectualmente? ¿Tan precaria es su inteligencia? ¿Tan idiotas nos creen? Quizá a ambas preguntas la respuesta sea afirmativa. ¿No se dan cuenta de lo fácil que es incitar al odio y la violencia a la masa, sobre todo cuando se ve peligrar esa prosperidad real o ficticia de la que disfruta? La culpa es del otro, siempre.
Todos los nacionalismos son peligrosos porque se generan por oposición al otro, y no nos engañemos: cuanto mayor es la nación, más peligroso es su ejercicio del nacionalismo. Los nacionalismos vasco y catalán toman una deriva preocupante, pero serán nada al lado del siempre omnipresente nacionalismo español. Por favor, lean a Maalouf. Pronto.