lunes, 13 de diciembre de 2010

El país se cae a pedazos (7)


Un plan B, dice. El Gobierno tenía un plan B previsto ante el acoso de los mercados. Yo también tengo un plan B. Gracias a la Reforma Laboral, mi empresa puede echarme mañana a la calle sin justificación (por mucho que se empeñen en decir lo contrario) con doce días de indemnización por año trabajado (el Estado paga otros ocho). Cuando esto suceda, viviré del paro durante unos meses y en el momento en que la prestación se extinga, comenzaré a comerme mis ahorros. ¿Y qué pasará cuando el saldo de mi cuenta corriente esté cerca del cero? ¡Ah, yo también tengo un plan B! Ese día empezaré a empeñar los muebles, la cadena de oro, el home cinema, la televisión... Sí, estoy tranquilo porque yo también tengo un plan B, yo también tengo aeropuertos y loterías que empeñar. Claro que, si uno empeña sus bienes, raramente le dan su valor venal, menos aún si la prisa o la desesperación nos aconsejan al oído. En estas ocasiones, los únicos que suelen hacer negocio son los propietarios de las casa de empeño, y lo hacen con la angustia y la necesidad de los más.
No obstante, me asalta una duda terrible. Cuando lo haya empeñado todo, ¿cuál será mi plan C?

2 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

me cagüen...

Belidor dijo...

Y yo sin plan C y sin papel higiénico...